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10-09-2020

Aspectos clave para afrontar una reestructuración

La reestructuración de deuda es, en ocasiones, la mejor solución para empresas excesivamente endeudadas, pero con una cuenta de resultados sólida a largo plazo, pero no es fácil llevarla a cabo y negociarla con las entidades en las condiciones más favorables posibles, porque entran en juego muchas variables.

La primera, y quizás más evidente, es preguntarse si realmente es necesario, es decir ¿Soluciona una reestructuración de deuda el problema de mi empresa? En muchas ocasiones se achaca a la deuda la culpa de la evolución de una compañía cuando realmente son otros los problemas que impiden su viabilidad, antes de plantearse una reestructuración habría que cuestionarse si es posible volver a la senda de la generación de caja neta positiva con una reestructuración de los costes o con un incremento de ventas o márgenes, si eso no es posible ¿Puedo aumentar mis márgenes y mi flujo de caja para atender mis deudas y todos los costes? ¿La empresa es rentable y tiene flujo de caja positivo con otra estructura de deuda?

Hay ocasiones en que el problema no es la deuda, el problema es un modelo de negocio que no funciona y que ha generado pérdidas recurrentes que han sido financiadas aumentando la deuda durante un periodo más o menos largo, así que antes de sacar una calculadora para ver qué cuotas puede soportar la empresa, es imprescindible hacer un plan de viabilidad para valorar si el negocio es rentable o no, y si puede serlo. A veces puede resultar mejor no seguir aumentando la deuda como una pelota y poder afrontar un cierre ordenado, que dejar pasar el tiempo y cerrar de forma precipitada y desordenada y, como suele decirse, haciendo sangre a los acreedores: bancos, proveedores, empleados, hacienda y/o seguridad social.

Te recordamos que tienes disponible la plantilla de plan de viabilidad en la sección de calculadoras y plantillas y que también está disponible en PlantillasPyme, con ella podrás jugar con distintos escenarios de viabilidad y ver qué impacto generan en los estados financieros de la empresa empresa.

Pues bien, suponemos que del plan de viabilidad concluimos que el negocio es rentable a largo plazo, que no es posible mejorar los márgenes, y que podemos proyectar una cuenta de resultados creíble y razonada donde concretar los flujos de beneficio para los próximos años. Ahora sí, ha llegado el momento de sacar la calculadora y valorar si en otro nivel de deuda a largo plazo, o a un plazo de amortización mayor, resulta un servicio a la deuda (amortización) asumible, y qué necesidades de financiación de corto plazo existen. ¿Qué variables entran ahora en juego?

  • Número de entidades implicadas: Este factor es decisivo, cuanto mayor es el número de entidades, más largas y complejas son las negociaciones, en ocasiones lo recomendable es reunirlas a todas y negociar de forma conjunta, dando visibilidad entre ellas sobre los pactos a los que se lleguen, pero no siempre es recomendable.
  • Plazo de amortización: El plazo no puede tender a infinito y deber ser razonable, especialmente en función del tipo de garantías, es decir, si no hay garantías reales (hipotecarias), es difícil conseguir plazos superiores a los 10 años, y en el caso de garantías reales, dependiendo del tipo de inmueble, los plazos máximos se sitúan entre los 15 y los 30 años de amortización. Dicho esto, existen modalidades de amortización que aligeran mucho el esfuerzo que debe hacer la empresa para atender su deuda como la modalidad bullet, que implica que una parte del préstamo se liquida en la última cuota.
  • Garantías: En una reestructuración la entidad acreedora siempre buscará añadir garantías a cambio de asumir riesgos durante más tiempo: hipotecar inmuebles, pignoraciones dinerarias, avales personales, ya sea de personas físicas u otras empresas, y otros tipos de garantías sirven. Si la empresa no puede aportar más garantías, deber tener un plan de viabilidad mucho más creíble.
  • Cuantía de la deuda: La entidad acreedora siempre va a valorar de forma muy positiva que la empresa haga una aportación inicial como señal de voluntad de pago, esta cuantía puede oscilar entre el 10% y el 20% del total de la deuda y, no nos engañemos, en ocasiones es imposible. Cuando no es posible hacer una aportación inicial y los plazos que hacen una amortización sostenible no son razonables, ha llegado el momento de solicitar una quita, que podrá ser mayor en función de las garantías aportadas y de la credibilidad sobre el futuro de la empresa. Otra opción, reservada para grandes empresas, es capitalizar la deuda, de forma que la entidad pasa ser un socio más de la compañía y, la empresa, cambia deuda exigible por capital, con menos grado de exigibilidad.
  • Necesidades de circulante: Este aspecto es clave. Dentro de las reestructuraciones, en ocasiones, es necesario pasar a largo plazo toda la deuda de circulante que ahoga la tesorería de la empresa, en esos casos, hay que vigilar que la empresa mantenga unos mínimos de financiación circulante para mantener su actividad operativa intacta.

Así que, llegar a la conclusión de que la reestructuración es la solución al problema de la empresa no es una decisión que pueda tomarse de forma deliberada y debe apoyarse en una nueva estructura razonable, y un plan de futuro creíble y detallado.

Por último, te dejamos con esta plantilla avanzada de pool bancario con la que podrás calcular el calendario de deuda de tu empresa, y como mejoraría la situación con una reestructuración, de forma automatizada.

 

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