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26-10-2015

Aspectos clave para afrontar una reestructuración

La reestructuración es, en ocasiones, la mejor solución para empresas excesivamente endeudadas pero con una cuenta de resultados sólida a largo plazo, pero no es fácil llevarla a cabo y negociarla con las entidades en las condiciones más favorables posibles, porque entran en juego muchas variables.

La primera, y quizás más evidente, es preguntarse si realmente es necesario, es decir ¿Soluciona una reestructuración de deuda el problemas de mi empresa? En muchas ocasiones se achaca a la deuda la culpa de la evolución de una compañía cuando realmente son otros los problemas que impiden la viabilidad, antes de plantearse una reestructuración habría que cuestionarse:

  1. ¿Es posible reducir otros costes?

  2. ¿Es posible conseguir un aumento de ventas para el mismo nivel de costes?

    1. ¿Cambios en la estrategia comercial?

    2. ¿Posibilidad de añadir valor a mi producto o servicio?

  3. En conclusión, ¿Puedo aumentar mis márgenes y mi flujo de caja para atender mis deudas y todos los costes? ¿La empresa es rentable y tiene flujo de caja positivo con otra estructura de deuda?

Hay ocasiones en que el problema no es la deuda, el problema es un modelo de negocio que no funciona y que ha generado pérdidas recurrentes que han sido financiadas aumentando la deuda durante un periodo más o menos largo, así que antes de sacar una calculadora para ver qué cuotas puede soportar la empresa, es imprescindible hacer un plan de viabilidad para valorar si el negocio es rentable o no, y si puede serlo. A veces puede resultar mejor no seguir aumentando la pelota y poder afrontar un cierre ordenado, que dejar pasar el tiempo y cerrar de forma precipitada y desordenada y, como suele decirse, haciendo sangre a los acreedores: bancos, proveedores, empleados o al fisco.

Pues bien, suponemos que del plan de viabilidad concluimos que el negocio es rentable a largo plazo, que no es posible mejorar los márgenes, y que podemos proyectar una cuenta de resultados creíble y razonada donde concretar los flujos de beneficio para los próximos años. Ahora sí, ha llegado el momento de sacar la calculadora y valorar si en otro nivel de deuda a largo plazo, o a un plazo de amortización mayor, resulta un servicio a la deuda (amortización) asumible, y qué necesidades de financiación de corto plazo existen. ¿Qué variables entran ahora en juego?

  1. Número de entidades implicadas: Este factor es decisivo, cuanto mayor es el número de entidades, más largas y complejas son las negociaciones, en ocasiones lo recomendable es reunirlas a todas y negociar de forma conjunta, dando visibilidad entre ellas sobre los pactos a los que se lleguen.

  2. Plazo de amortización: El plazo no puede tender a infinito y deber ser razonable, especialmente en función del tipo de garantías, es decir, si no hay garantías reales (hipotecarias), es difícil conseguir plazos superiores a los 10 años, y en el caso de garantías reales, dependiendo del tipo de inmbueble, los plazos máximos se sitúan entres los 15 y los 30 años de amortización.

  3. Garantías: En una reestructuración la entidad acreedora siempre buscará añadir garantías a cambio de asumir riesgos durante más tiempo: hipotecar inmuebles, pignoraciones dineriarias, avales personales, ya sea de personas físicas u otras empresas, y otros tipos de garantías. Si la empresa no puede aportar más garantías, deber tener un plan de viabilidad mucho más creible.

  4. Cuantía de la deuda: La entidad acreedora siempre va a valorar de forma muy positiva que la empresa haga una aportación inicial como señal de voluntad de pago, esta cuantía puede oscilar entre el 10% y el 20% del total de la deuda y, no nos engañemos, en ocasiones es imposible. Cuando no es posible hacer una aportación inicial y los plazos que hacen una amortización sostenible no son razonables, ha llegado el momento de solicitar una quita, que podrá ser mayor en función de las garantías aportadas y de la credibilidad sobre el futuro de la empresa. Otra opción, reservada para grandes empresas, es capitalizar la deuda, de forma que la entidad pasa ser un socio más de la compañía y, la empresa, cambia deuda exigible por capital, con menos grado de exigilibilidad.

  5. Necesidades de circulante: Este aspecto es clave. Dentro de las resstructuraciones, en ocasiones, es necesario pasar a largo plazo toda la deuda de circulante que ahoga la tesorería de la empresa, en esos casos, hay que vigilar en no dejar a la empresa sin ningún tipo de financiación de corto plazo, eso sería solucionar el futuro y no solucionar el presente.

Así que, llegar a la conclusión de que la reestructuración es la solución al problema de la empresa no es una decisión que pueda tomarse de forma deliberada y debe apoyarse en una nueva estructura razonable, y un plan de futuro creíble y detallado.

Por último, te dejamos con esta plantilla avanzada de pool bancario con la que podrás calcular el calendario de deuda de tu empresa, y como mejoraría la situación con una reestructuración, de forma automatizada.

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