Las necesidades de financiación de una empresa son cambiantes a lo largo de su vida y desarrollo, lo que implica que hay que recalcularlas, como mínimo, una vez al año para evitar las tan temidas tensiones de liquidez. Las variables necesarias para su cálculo tienen que ver con la actividad de la empresa, pues ésta influye en plazo de producción, con el volumen de facturación, las necesidades de activos fijos y los plazos y formas de cobro y pago.