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27-05-2021

¿Qué riesgos tiene el avalista de una hipoteca?


Muchas veces hemos oído hablar de la figura del avalista a la hora de pedir una hipoteca, especialmente entre familiares, pero ¿realmente sabemos cuáles son los riesgos de avalar a alguien? 

En el post de hoy resolvemos todas las dudas que surgen alrededor de los avalistas, los riesgos a los que se exponen, pero también los derechos que tienen y cómo pueden limitar su responsabilidad en caso de impago de titular principal.

¿Qué es un avalista?

Un avalista es la persona que responderá por nosotros en el caso de que no paguemos una deuda, en este caso la hipoteca. Esta persona proporciona garantías de pago a la entidad bancaria o la empresa que ha proporcionado la hipoteca, ya que en el caso de que el titular del préstamo no cumpla con sus obligaciones, el avalista deberá hacerlo, y de no hacerlo responderá de la deuda con todos sus bienes.

¿Cómo funciona un aval?

En primer lugar, debemos diferenciar dos tipos de avalistas según su responsabilidad:

  • Responsables subsidiarios: son aquellos a los que se les puede reclamar la deuda solo en el caso de que el titular principal incumpla su responsabilidad de pago. A los responsables subsidiarios no se les puede reclamar la deuda en primer lugar, para hacerlo siempre se debe demostrar que el deudor principal no ha cumplido con su obligación de pago.
  • Responsables solidarios: son aquellos que tienen las mismas responsabilidades que el titular principal, por lo que la entidad que ha concedido el préstamo puede exigir el pago tanto al avalista como al avalado. En este caso, la posición del avalista es mucho más arriesgada que cuando es responsable subsidiario, pero es mucho más cómoda para la entidad financiera.

Normalmente el banco intenta que proporciones un aval solidario, ya que de esta manera tener dos pagadores en cualquier momento, tanto el titular como el avalista.

Cuando se trata de hipotecas, además, lo más habitual es que en las cláusulas se estipule una renuncia a los beneficios de excusión, división y orden.

  • Beneficio de excusión: permite al avalista evitar que la entidad financiera acuda a sus bienes para liquidar la deuda, cuando el deudor principal todavía cuenta con bienes para hacerlo.
  • Beneficio de división: en el caso de que existan varios avalistas, permite que cada uno responda por una parte proporcional. Este beneficio impide a la entidad financiera solicitar todo el importe a todos los avalistas de forma simulatánea
  • Beneficio de orden: permite al avalista exigir a la entidad financiera que siga un orden de prelación en la reclamación del importe impagado.

¿Qué riesgos implica ser avalista?

Ser avalista de un préstamo hipotecario implica varios riesgos en el caso de que el avalado no cumpla con su deber de pago. El avalista debe responder en el caso de impago, siempre que no se haya limitado la responsabilidad del mismo en el contrato de préstamo hipotecario.

Al avalista se le aplica el principio de responsabilidad patrimonial universal, regulado por el Código Civil, lo cual significa que el avalista pone en juego todos sus bienes presentes y futuros para cumplir con las obligaciones de pago del avalado. Es decir, ser avalista de una hipoteca es un gran riesgo en el caso de que la deuda no se llegue a pagar porque éste responderá con todo su patrimonio.

Además, la deuda que está garantizando el avalista aparecerá en su CIRBE, lo que limitará sus posibilidades de obtener financiación nueva. Por último, si ni titular ni avalistas cumplen con las obligaciones de pago, ambos aparecerán en bases de datos de morosidad como ASNEF o Experian, lo que imposibilitará que obtengan más financiación.

¿Qué derechos tiene un avalista?

Los avalistas también cuentan con una serie de derechos. Se deben leer detenidamente las condiciones del contrato y prestar atención a:

  • Las facultades del beneficiario aval (banco): si el aval es solidario el avalista está asumiendo más riesgo. En este caso el banco tiene derecho a exigir la devolución del dinero prestado de la misma manera que si fuera el titular del crédito.
  • La duración: se deberá revisar cuánto dura el aval. En ocasiones puede darse el caso de que el aval finalice antes de que lo haga el préstamo. Es una buena forma de reducir la responsabilidad del avalista.
  • La cantidad de dinero que se está avalando porque, en ocasiones, el aval se limita sólo a una cantidad del préstamo y esta es una forma muy eficaz de reducir el riesgo al que se expone el avalista.
  • Revisar las cláusulas del contrato con la entidad bancaria, tanto en lo referente a las condiciones económicas como a la duración y forma de amortización.

En el supuesto de que se produzca un impago del préstamo, la entidad bancaria o la entidad que ha prestado el importe deberá hacerlo saber al avalista, y posteriormente solicitar el pago. En el caso de que esta información no sea comunicada al avalista, se puede presentar una reclamación a la entidad de crédito o bancaria para que no liquide intereses de demoras y otros gastos por no haber cumplido con la obligación de pago a tiempo.

Si finalmente fuera el avalista el que acaba pagando la deuda, este tendrá derecho a reclamar a la persona que ha avalado todo el importe, más gastos e intereses.


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