Tu empresa tiene una nave en propiedad, pagada y libre de cargas. Y aun así el banco no amplía el riesgo, porque lo que mira son los ratios del último cierre y no los activos. Tienes el valor, pero está inmovilizado.
El leaseback convierte ese activo en liquidez sin que dejes de usarlo: vendes el bien a una entidad financiera, cobras el precio y firmas al mismo tiempo un arrendamiento financiero sobre ese mismo bien, con opción de compra al vencimiento. Sigues trabajando donde trabajabas, ahora pagando una cuota.
- Qué vendes: un bien mueble o inmueble en propiedad —una nave, un edificio, maquinaria—, normalmente libre de cargas.
- Qué recibes: un porcentage del valor del activo, fijado por el valor de mercado según tasación.
- Qué pagas: una cuota periódica durante la vida del contrato y, al final, el valor residual si ejercitas la opción de compra.
A qué perfil encaja y a cuál no
Encaja si tu empresa tiene activos de peso en balance y necesita una liquidez que su rating no le permite obtener por la vía ordinaria: aquí el financiador valora el bien antes que las cuentas.
Si tu rating lo permite, no encaja para un desfase de circulante. En esa situación, la póliza de crédito lo resuelve sin poner en juego un inmueble. Y antes de firmar conviene tener claro que el activo deja de ser tuyo desde el primer día: si la operación no resuelve el problema de fondo, habrás consumido una garantía.