La tasa libre de riesgo es la rentabilidad que ofrece un activo sin riesgo de impago, y representa el punto de partida de cualquier exigencia de rentabilidad: nadie acepta asumir riesgo por un retorno inferior al que ya ofrece el activo seguro. Toda prima, por tanto, se construye sobre ella.
En valoración de empresas es el suelo del coste de los fondos propios (Ke): el CAPM parte de la tasa libre de riesgo y le suma la beta multiplicada por la prima de riesgo del mercado. Cualquier variación en los tipos se traslada automáticamente al Ke, al WACC y, en cadena, al valor de la empresa.
La tasa libre de riesgo es el precio del tiempo, y explica por qué las valoraciones se mueven aunque el negocio no cambie: cuando los bancos centrales suben tipos, los mismos flujos de caja valen menos, y al revés cuando los bajan. Tomar una referencia desactualizada en un entorno de tipos cambiante puede desviar el valor final más que cualquier otro error del modelo.