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Rating Crediticio

El rating crediticio (o calificación crediticia) es una nota que mide la calidad crediticia de una empresa: su probabilidad de impago y la pérdida esperada asociada a prestarle. Resume en una escala —de letras o de niveles de riesgo— la capacidad de la compañía para devolver su deuda, y condiciona el acceso a la financiación, su coste y las garantías que se le exigen.

Conviene distinguir dos planos. El rating externo lo asignan las grandes agencias de calificación y se reserva, en la práctica, para grandes emisores y emisiones de deuda. El rating interno lo calcula cada banco con tus cuentas anuales y tu historial, y es el que de verdad afecta a la mayoría de pymes: aunque nunca veas una letra asignada, tu entidad sí tiene una nota tuya, y de ella dependen tus condiciones.

Cómo se lee la escala

La escala ordena el riesgo de impago de menor a mayor. El punto de corte relevante separa el grado de inversión del grado especulativo: por encima de ese umbral, la empresa se considera un riesgo asumible y accede a financiación amplia y barata; por debajo, el crédito se encarece y se llena de garantías. Es el mismo concepto que en el grado de inversión, aplicado a toda la escala.

TramoEscala orientativaLectura
Grado de inversión Desde las notas más altas hasta el umbral medio (AAA a BBB-) Riesgo de impago bajo: acceso amplio y coste reducido
Grado especulativo Por debajo de ese umbral (de BB+ hacia abajo) Riesgo apreciable: financiación más cara y con más garantías
Niveles de impago Las notas más bajas de la escala Incumplimiento o probabilidad muy elevada de que ocurra

Qué determina tu rating y por qué importa

El rating se construye combinando varios bloques: los indicadores financieros (liquidez, solvencia, rentabilidad y endeudamiento extraídos de tus estados financieros), el comportamiento de pago (incidencias en ficheros como RAI o ASNEF y tu experiencia como cliente del banco), la estructura de deuda que figura en tu CIRBE y, con menor peso en pymes, aspectos cualitativos como la antigüedad, el sector o el tamaño. En empresas pequeñas mandan los dos primeros bloques; el comportamiento de pago, de hecho, puede cerrar el grifo por sí solo, sean cuales sean las cuentas.

Importa porque el rating define, en una sola nota, qué financiación tienes disponible, a qué precio y con qué garantías. Una calificación baja no solo encarece el crédito: frena operaciones enteras. Y al revés, mejorarla —generando beneficios y caja, reduciendo el endeudamiento, evitando incidencias y ordenando el pool— abre acceso y abarata el coste de toda la deuda futura.

Clave: para tu pyme, el rating interno del banco es el que manda, aunque no tengas calificación de agencia. Se recalcula con cada cierre contable, así que cuidar los ratios y la CIRBE entre ejercicios mejora tu nota tanto como un buen resultado. No lo confundas con el scoring: el scoring es la versión automática y cuantitativa para decisiones rápidas; el rating es más elaborado e incorpora juicio cualitativo.

Preguntas frecuentes

¿Rating y scoring son lo mismo? Comparten el objetivo —medir el riesgo de impago— pero no el método. El scoring es automático y mayoritariamente cuantitativo, pensado para decisiones ágiles y operaciones estandarizadas. El rating es más elaborado, incorpora componente cualitativo y pesa especialmente en exposiciones mayores y en la relación a largo plazo con la entidad.

¿Mi pyme tiene rating si ninguna agencia la califica? Sí. Cada banco con el que trabajas te asigna un rating interno aunque no lo veas, y es el que determina tus condiciones reales. La calificación de las agencias se reserva para grandes emisores y emisiones de deuda, pero la ausencia de esa nota no significa que no estés calificado.

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