El Quantitative Easing (QE), traducido al español como Expansión Cuantitativa, es una política monetaria no convencional utilizada por los bancos centrales para estimular la economía cuando los tipos de interés se encuentran ya en niveles muy bajos o incluso cercanos a cero. El objetivo principal del QE es inyectar liquidez en el sistema financiero, incentivar el crédito, aumentar la inversión y estimular el consumo para reactivar el crecimiento económico.
A diferencia de las políticas tradicionales basadas en la variación de los tipos de interés, el Quantitative Easing consiste en la compra masiva de activos financieros (principalmente deuda pública, aunque también pueden incluirse bonos corporativos u otros instrumentos) por parte del banco central en los mercados secundarios. Estas compras incrementan la demanda de los activos, reducen sus rendimientos (tipos de interés a largo plazo) y aumentan la cantidad de dinero en circulación.
El proceso se puede resumir en tres efectos principales:
El QE ha sido ampliamente utilizado desde la crisis financiera de 2008 por bancos centrales como la Reserva Federal (FED), el Banco Central Europeo (BCE), el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón, especialmente en contextos de bajo crecimiento e inflación débil. No obstante, esta herramienta también tiene riesgos, como la generación de burbujas financieras, el exceso de endeudamiento o presiones inflacionarias a largo plazo.