El flujo de caja neto es la diferencia entre todos los cobros y todos los pagos que una empresa realiza en un periodo determinado, normalmente mensual o anual. Representa la variación real de la posición de caja durante ese periodo: cuánto dinero ha entrado de más (o de menos) en la tesorería de la empresa. Es uno de los indicadores básicos para medir la capacidad de generación de liquidez del negocio.
Un flujo de caja neto recurrentemente positivo indica que la empresa genera más efectivo del que consume y puede autofinanciar su crecimiento. Uno negativo de forma sostenida obliga a recurrir a financiación externa o a desinversiones para mantener la actividad. Por eso es el indicador central de cualquier presupuesto de tesorería y de cualquier análisis de viabilidad financiera.