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Fecha Valor

La fecha valor es el día a partir del cual un apunte bancario empieza a generar intereses a favor o en contra del titular de la cuenta, y no tiene por qué coincidir con la fecha en la que el movimiento aparece registrado en el extracto. Es el dato que el banco utiliza realmente para liquidar intereses, por lo que determina el coste financiero efectivo de la operativa bancaria.

En cualquier extracto bancario conviven al menos dos fechas por movimiento: la fecha contable (u operación), que indica cuándo se registró el apunte, y la fecha valor, que indica desde cuándo ese importe computa a efectos de intereses. Cuando ambas coinciden se dice que la operación se valora el mismo día. Cuando no coinciden, aparece el llamado saldo valor, distinto del saldo contable, y es sobre ese saldo valor sobre el que el banco calcula la liquidación del periodo.

Cómo afecta la fecha valor al coste financiero

La lógica de la valoración siempre juega en el mismo sentido: los abonos suelen valorarse igual o después de la fecha contable, y los adeudos igual o antes. El resultado es que el dinero que entra tarda algo más en producir intereses o en reducir la deuda dispuesta, y el que sale empieza a costar algo antes. Ese desfase no aparece como comisión en ninguna línea del extracto, pero se traduce en intereses adicionales en la liquidación de una cuenta de crédito o en el líquido de una remesa descontada.

En la operativa de pagos corriente, como las transferencias recibidas o los adeudos domiciliados, el margen de la entidad es muy estrecho y la valoración se ajusta al movimiento efectivo de los fondos. Donde siguen existiendo días de valor es en operaciones que no son estrictamente servicios de pago: ingreso de cheques, gestión de cobro de efectos, abono de remesas descontadas o liquidaciones de productos de financiación. En esos casos la valoración forma parte del condicionado del producto, y la referencia es siempre el contrato firmado: lo relevante para la empresa es saber qué valoración se le está aplicando y cuánto le cuesta.

Estas son las situaciones donde una pyme suele encontrarse valoraciones distintas de la fecha contable:

OperaciónEfecto habitual de la valoración
Ingreso de cheques y efectos en gestión de cobro Abono con valor posterior, a la espera de la confirmación del cobro
Ingreso de efectivo en ventanilla Abono con valor del mismo día o del día hábil siguiente, según lo contratado
Abono del líquido de una remesa descontada Valor fijado en el contrato, a veces uno o varios días hábiles después
Devolución de un efecto impagado Adeudo con valor retroactivo a la fecha de vencimiento del efecto
Liquidación de intereses de una cuenta de crédito Cargo con valor el último día del periodo liquidado

Hay un detalle que cambia el cálculo y que casi nunca se explica: los días de valor se cuentan en días hábiles, pero los intereses se devengan por días naturales entre fechas valor. Dos días hábiles de valor sobre un abono del martes son dos días naturales de interés; sobre un abono del jueves o del viernes son cuatro, porque el fin de semana entra en el cómputo. La misma condición cuesta el doble según el día de la semana en que se presente la operación.

Por ejemplo: una pyme descuenta cada mes una remesa de 200.000 euros y su entidad le abona el líquido con dos días hábiles de valor. Si mantiene su cuenta de crédito dispuesta a un tipo del 5 por ciento anual, y aplicando la base de 360 días con la que se liquidan habitualmente estas operaciones, el coste implícito es de 200.000 por 2 dividido entre 360 y multiplicado por 0,05, es decir, 55,56 euros por remesa. Cuando el abono cae en jueves o en viernes, el desfase real son cuatro días naturales y el coste sube a 111,11 euros. Con doce remesas al año, el sobrecoste se mueve entre 667 y 1.333 euros que no figuran en ninguna comisión y que rara vez se comparan al elegir entidad.

Conviene precisar de qué depende ese coste, porque no siempre existe. El importe de un día de valor es el nominal multiplicado por los días naturales de desfase y por el coste marginal de la tesorería en ese momento: si la empresa está dispuesta en su cuenta de crédito, ese coste marginal es el tipo de la línea; si está en excedido, el tipo del excedido, bastante más alto; y si mantiene excedente ocioso sin remunerar, el coste es cero. Por eso la valoración pesa mucho en quien trabaja cerca del límite de sus líneas y casi nada en quien opera con holgura permanente.

El importe puede parecer menor en términos absolutos, pero conviene leerlo en relación con lo que se compara habitualmente: dos días de valor sobre un volumen recurrente equivalen, en la práctica, a varias décimas de diferencial sobre esa operación. Por eso tiene sentido tratar la valoración como un componente más del coste financiero, y no como un tecnicismo del extracto.

Clave: El banco liquida sobre saldo valor, no sobre saldo contable. Si tu control de tesorería solo mira la fecha contable, estarás midiendo una posición que no es la que se liquida.

Cómo identificar y medir la valoración aplicada

El primer paso es leer bien el extracto: casi todos los formatos de descarga incluyen columna de fecha contable y columna de fecha valor, y la diferencia entre ambas es el punto de partida para detectar valoraciones sistemáticas. El segundo paso es revisar la liquidación periódica de la cuenta de crédito, donde el banco detalla los números comerciales —el saldo dispuesto multiplicado por los días que ha permanecido dispuesto— o los saldos medios utilizados: ahí se comprueba si los días aplicados cuadran con lo contratado. Es una de las revisiones que más errores destapa, junto con las comisiones no contratadas.

El tercer paso es incorporar el resultado al cálculo de coste. Sumar los días de valor al tipo y a las comisiones es lo que permite comparar de verdad dos ofertas de descuento o dos líneas con condiciones nominales parecidas, porque dos entidades con el mismo diferencial pueden salir a precios distintos solo por la valoración. Registrarla en el pool bancario junto al resto de condiciones de cada entidad evita que se pierda entre renovaciones y explica desviaciones en la liquidación que de otro modo no cuadran.

Preguntas frecuentes

¿Los días de valor se cuentan en días hábiles o en días naturales?

En los dos sentidos, y ahí está la confusión habitual. El desplazamiento se cuenta en días hábiles, pero los intereses se calculan por días naturales entre fechas valor, de modo que los fines de semana y festivos intermedios también devengan. Dos días hábiles de valor pueden convertirse en dos o en cuatro días de interés según el día en que se produzca el apunte.

¿La fecha valor determina cuándo puedo disponer del efectivo?

No exactamente. La disponibilidad y la valoración son cosas distintas: un abono puede estar disponible para pagar y, aun así, tener una fecha valor posterior que retrasa el efecto sobre los intereses. Lo habitual es que vayan de la mano, pero conviene comprobarlo en el contrato del producto.

¿Puede la entidad aplicar los días de valor que quiera?

No. En la operativa de pagos corriente el margen es muy estrecho y la valoración se ajusta al movimiento efectivo de los fondos. En el resto de operaciones rige lo contratado: cualquier día de valor aplicado debe estar recogido en el contrato y comunicado previamente, y si la entidad aplica una valoración distinta de la contratada es reclamable.

¿Por qué mi saldo del extracto no coincide con el que usa el banco para cobrarme intereses?

Porque el saldo del extracto es el contable y la liquidación se hace sobre el saldo valor. Si hay apuntes con valoración desplazada, ambos saldos difieren durante unos días y esa diferencia es la que genera intereses adicionales.

¿Afecta la fecha valor a la previsión de tesorería?

Sí, sobre todo en empresas que operan cerca del límite de sus líneas. Una previsión de tesorería construida solo con fechas contables puede mostrar margen disponible cuando la posición valor ya está en descubierto, con el consiguiente coste por excedido.

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