El déficit público se produce cuando los gastos totales de un gobierno (ya sea central, regional o local) superan a sus ingresos totales, principalmente recaudación de impuestos, durante un periodo fiscal determinado, que suele ser un año. Es, en esencia, la diferencia negativa entre lo que un estado gasta y lo que recauda. Cuando esto ocurre, el gobierno debe financiar esa brecha económica.
Las principales fuentes de financiación del déficit son:
Un déficit público persistente y elevado lleva a un aumento de la deuda pública total de un país, lo que puede generar preocupaciones sobre su sostenibilidad fiscal. Un exceso de deuda puede incrementar los costes de financiación futuros, limitar la capacidad del gobierno para invertir o responder a futuras crisis, y generar presiones sobre la calificación crediticia del país. Es una variable de seguimiento en mercados financieros y las agencias de rating la monitorean de cerca, ya que un desequilibrio fiscal puede afectar la estabilidad macroeconómica.