La beta es el coeficiente que mide la sensibilidad de un activo frente a los movimientos del mercado, es decir, su riesgo sistemático: aquel que no puede eliminarse diversificando. En valoración de empresas es una pieza central del CAPM, donde determina cuánta prima de riesgo de mercado se incorpora al coste de los fondos propios (Ke).
La beta traduce el riesgo a un solo número, y por eso conviene tratarla con respeto: una décima arriba o abajo cambia el Ke, el WACC y, en cadena, el valor final de la empresa. Elegir bien los comparables y documentar el ajuste por deuda es tan importante como la propia fórmula.