La banca ética es un modelo de intermediación financiera que combina la rentabilidad económica con principios sociales, medioambientales y de transparencia.
A diferencia de la banca tradicional, prioriza la financiación de proyectos con impacto positivo en la sociedad —como iniciativas de economía social, energías renovables, educación o cooperación al desarrollo— y excluye sectores considerados perjudiciales socialmente, como armamento, juego, especulación financiera o combustibles fósiles.
Entre sus principios fundamentales destacan:
Ejemplos de entidades de banca ética son Triodos Bank, Fiare Banca Ética o la Banca Popolare Etica en Europa.
Este tipo de banca gana protagonismo en contextos de crisis financiera, cambio climático y creciente conciencia social, y representa una alternativa para inversores y ahorradores responsables, aunque no ha estado exento de controversias relacionadas con el negocio bancario, como la comercialización de productos de alto riesgo entre sus cliente sin el asesoramiento adecuado.