La asset allocation, o asignación de activos, es una estrategia de inversión que consiste en distribuir el capital entre diferentes clases de activos como renta variable, renta fija, activos monetarios, bienes inmuebles, materias primas o inversiones alternativas, con el objetivo de equilibrar el riesgo, la rentabilidad y la liquidez en función del perfil de riesgo del inversor.
Esta técnica parte del principio de que distintas clases de activos reaccionan de forma diferente ante los movimientos del mercado. Por ejemplo, en una recesión económica, la renta variable suele caer, mientras que los bonos del Estado pueden aumentar su valor. Por tanto, una buena diversificación entre activos puede proteger al inversor ante escenarios adversos, dando estabilidad a sus inversiones.
Existen tres enfoques principales de asset allocation:
Factores clave que influyen en la asset allocation son: el horizonte temporal de inversión, la tolerancia al riesgo, la situación financiera del inversor, y los objetivos específicos (jubilación, compra de vivienda, preservación del capital, etc.).
La asignación de activos es considerada por muchos estudios como la decisión que más influye en la rentabilidad total de una cartera a largo plazo, por encima de la selección concreta de valores o el momento del mercado. Por eso, constituye uno de los pilares fundamentales de la gestión patrimonial.