Cuando compras fuera, pagas mucho antes de cobrar. El proveedor exige el pago al embarcar —o incluso antes de fabricar—, la mercancía tarda semanas en llegar, luego la vendes y todavía esperas el vencimiento de tu cliente. Entre que sale la caja y vuelve pueden pasar tres o cuatro meses que tu empresa está financiando con su propio flujo.
La financiación de importaciones cubre justo ese hueco. La entidad paga a tu proveedor en la fecha acordada y tu empresa devuelve el importe cuando la venta ya está cobrada. Compras al contado, con el poder de negociación en precio que eso te da, y pagas a plazo.
- Qué importe puedes conseguir: se instrumenta como una línea con un límite máximo que se dimensiona sobre tu volumen anual de compras al exterior y la duración de tu ciclo. Vas disponiendo pago a pago mientras haya límite libre.
- Qué plazo puedes financiar: 90 días como norma general y hasta 180 días cuando el ciclo operativo lo justifica. La clave es ajustar el vencimiento de cada disposición al cobro de la venta asociada.
- En qué divisa: en euros o en la divisa del proveedor. Si financias en la misma divisa en la que pagas, no asumes riesgo de cambio durante la vida de la financiación.
- Qué necesitas: la factura o el documento comercial del proveedor y la orden de pago. El riesgo se estudia sobre tu empresa, no sobre la operación ni sobre el proveedor.
A qué perfil encaja y a cuál no
Encaja si importas de forma recurrente, tu ciclo de compra a cobro supera con claridad el aplazamiento que te concede el proveedor, y tu balance soporta un producto de riesgo financiero puro.
No es tu producto si tus compras al exterior son puntuales y de importe pequeño —ahí funciona mejor una póliza de crédito—, o si el problema real está en el cobro y no en el pago, en cuyo caso te encajan mejor el anticipo de facturas o el factoring, aunque puedes combinarlos para optmizar tu flujo. Si lo que te preocupa es financiar tus ventas fuera, revisa la financiación de exportaciones.