Vendes a plazo y el cobro es a 60, 90 o 180 días. Cuando pides financiación para cubrir ese gap, la entidad estudia tu balance: tu endeudamiento, tu CIRBE, tus resultados. Si el balance no acompaña, no hay línea, por muy buenos que sean tus clientes.
El factoring invierte ese análisis. Cedes las facturas a una entidad —bancaria o no bancaria— que se encarga de gestionar su cobro y las anticipa. El riesgo que se estudia es el de tu cliente, no el tuyo. Si tus clientes son solventes, tu empresa se financia aunque su balance esté ajustado.
- Qué importe puedes conseguir: hasta el 100% del nominal de las facturas cedidas. El anticipo puede ser total o parcial, según lo pactado en el contrato.
- Qué necesitas: facturas emitidas a clientes solventes y el contrato de cesión con la entidad. En el canal no bancario, sin línea previa.
- Si la factura queda impagada: con recurso, la entidad te la reclama a ti. Sin recurso, la insolvencia del deudor la asume la entidad y el saldo sale de tu balance.
A qué perfil encaja y a cuál no
Encaja si concentras la facturación en pocos clientes grandes y solventes, si tu balance está apalancado o creces más rápido de lo que da de sí tu línea bancaria, o si buscas sacar el saldo de clientes del activo y protegerte del impago con la modalidad sin recurso.
No encaja si tu cartera está atomizada en muchas facturas pequeñas: la comisión por crédito gestionado se lleva el margen. Tampoco si tu deudor no es solvente, porque el análisis se apoya justo ahí. Y según cómo cobres, hay producto mejor: si no quieres notificar la cesión a tu cliente, anticipo de facturas; si cobras por domiciliación, descuento SEPA; si cobras con pagarés, descuento de pagarés no bancario; si tu cliente ya paga a través de su programa, confirming.