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11-06-2017

Desapareció Banco Popular, ¿Y ahora qué?

El 7 de junio de 2017 pasará a la historia económica como el día en que se puso punto y final a una larga agonía de diez años, que Banco Popular no ha podido finalmente superar. El sexto banco del país, que llegó a ser el banco más eficiente del viejo continente, pone fin a sus 91 años de historia con un final precipitado e inédito por la intervención, por primera vez desde su creación, del Mecanismo Único de Supervisión de la Unión Europea, que acabó resolviendo que el banco presidido por Emilio Saracho no era sostenible por una crisis de liquidez, no de solvencia.

La fuga de depósitos se había acelerado en los últimos días, lo que obligó a Popular a quemar 3.600 millones, aportados por el BCE, en tan sólo dos días, lo que hacía insostenible su supervivencia. Banco Santander, que siempre ha sabido sacar buen partido a este tipo de situaciones, se hizo con el banco por sólo un 1 euro, un banco que, antes de que sus acciones fueran suspendidas y amortizadas, tenía un valor de 1.300 millones de euros. En esta ocasión, han sido accionistas y tenedores de deuda los que asumen la pérdida sin que se traslade esta ni a contribuyentes, ni a ahorradores. Por primera vez se ha tratado la liquidación de un banco como la de cualquier otra empresa.

Santander tiene ahora previsto llevar a cabo una ampliación de 7.000 millones para integrar el balance del banco en el grupo, integración que va a llevar a Santander a ser el banco más grande del país con un 18,8% de cuota de mercado en recursos de clientes, un 19,5% en crédito, 15,5 millones de clientes activos, y el liderazgo indiscutible en el segmento de pymes, con una cuota de mercado del 25%, lejos del 13% que posee su seguidor más cercano, una cuota que va a tener que saber conservar.

¿Y ahora qué?

La tendencia a la concentración bancaria sigue, y seguirá. Frente a los cerca de 60 bancos que operaban en España en 2009, hoy queda poco más de 10. Ha sido la solución menos mala para resolver una crisis de la que todavía quedan secuelas en el panorama financiero español, pero que conlleva grandes riesgos a largo plazo. En el corto plazo, la integración del banco líder en pymes, conllevará a la reducción de financiación para aquellas empresas con exposición fuerte a ambos bancos y, a largo plazo, una concentración bancaria como la que estamos viviendo, que repetimos todavía no ha acabado, a una restricción del crédito aún mayor cuando lleguemos al ciclo económico recesivo.

En esta tendencia de concentración, se han abierto paso, y siguen haciéndolo, las fuentes de financiación no bancarias, que tienen como misión cubrir el hueco que se está abriendo en el ámbito de financiación para empresas. En un mundo ideal lo aconsejable sería no depender de la financiación de terceros, pero eso supone un coste de oportunidad demasiado caro en un momento de crecimiento económico como el actual, donde hay grandes oportunidades de negocio que, sin financiación, no es posible aprovechar.

Por tanto, es momento de seguir diversificando las fuentes de financiación, ya sea completando el pool con financiación alternativa, añadiendo más bancos, o con una menor dependencia de la financiación de terceros, cualquiera de las tres es válida, pero que permita aprovechar las oportunidades que está brindando el ciclo económico expansivo actual, sin llevar a una posible tensión de liquidez por una mala estructura de financiación, cuando el ciclo recesivo asome las orejas, que las asomará.

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