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¿Qué es el rating financiero y para qué sirve?
El rating financiero determina las posibilidades reales de que una empresa obtenga financiación y las condiciones de esa financiación: tipos de interés, comisiones, plazos y garantías. A menor rating, menor acceso, más restricciones y mayor coste. Y así es muy difícil construir un pool bancario sólido.Una empresa puede tener un rating bajo por múltiples motivos, pero casi siempre se resumen en cuatro indicadores clave:
- Liquidez: mide la capacidad de la empresa para atender pagos en el corto plazo. Si la compañía necesita retrasar pagos o depende de ventas futuras para cubrir obligaciones actuales, su rating se deteriora al instante.
- Endeudamiento: analiza cuánta deuda soporta la empresa respecto a su capacidad de devolución. Tener deuda no es malo. Lo peligroso es tenerla en exceso o mal estructurada.
- Solvencia: es la capacidad de absorber pérdidas.
Una empresa solvente tiene patrimonio neto positivo y suficiente para sostener la actividad ante escenarios negativos. - Rentabilidad: La rentabilidad marca si el negocio genera suficiente retorno económico para sostener gastos, inversiones y deuda.
Si la empresa empeora en dos o más variables, el rating se resiente. Si falla en una sola, pero de manera muy pronunciada, también. Si quieres profundizar en estos conceptos, te recomendamos descargar nuestra Guía de Análisis de Balances.
Cuando el rating se deteriora, el problema no suele ser un ratio aislado, sino cómo evoluciona el conjunto del negocio en el tiempo. En estos casos, disponer de un Plan de Viabilidad financiero permite estructurar proyecciones coherentes y presentar a terceros un escenario creíble de recuperación, crecimiento o estabilidad futura.
Por otra parte, las empresas de reciente constitución tienen todas, por definición, un rating crediticio bajo por el simple hecho de no tener pasado financiero. No se puede medir ninguno de sus ratios históricos.
Puede parecer contradictorio que las empresas de rating bajo, las más necesitadas de liquidez, son las que peor acceso a la financiación tienen, pero no lo es para nada, porque su probabilidad de impago es muy alta. Aquí toma mucho sentido una frase muy escuchada en el ámbito de financiación:
“El banco te da el paraguas cuando hace sol, pero te lo quita cuando empieza a llover.”
Y llegados a esta situación de rating bajo, sea por el motivo que sea, ¿Cómo puede una empresa conseguir financiación? Hoy te traemos varias soluciones para estos casos.
Financiación basada en los clientes
Bien, si tenemos una empresa con rating bajo y una probabilidad de impago elevada a corto plazo, una de las estrategias más efectivas es que el financiador desplace el análisis del riesgo hacia los clientes de la empresa. Es decir, se financian los cobros futuros respaldados por pagadores solventes. De esta forma, la compañía puede anticipar el dinero de facturas aún no cobradas siempre que esos clientes tengan buena calificación crediticia, y utilizando instrumentos de cobro que ofrecen garantías al financiador, principalmente:
- Descuento de pagarés: permite adelantar el cobro de pagarés emitidos por clientes solventes. En caso de impago, el financiador puede reclamar tanto al emisor del pagaré como a la empresa, lo que lo hace accesible incluso con rating bajo.
- Descuento de adeudos SEPA: se financian los recibos domiciliados a clientes con buena capacidad de pago. La entidad asume el riesgo del pagador del adeudo SEPA, por lo que es una opción cuando la debilidad está en el rating de la empresa y no en el de sus clientes.
- Factoring: el financiador anticipa el cobro de facturas y puede asumir o no el riesgo de impago (con o sin recurso). Es la herramienta más completa para convertir ventas a crédito en liquidez, pero implica la cesión de los cobros al proveedor financiero.
- Anticipo de facturas: se anticipa el cobro de facturas sin cesión formal al financiador. Requiere que la empresa tenga cierta solidez (rating intermedio), ya que el financiador confía en que la empresa canalizará los cobros por la misma entidad para atender los anticipos.
Financiación basada en inmuebles
Cuando el rating es bajo pero la empresa tiene activos inmobiliarios, la clave es desplazar el riesgo hacia la garantía real. El financiador presta contra el valor del activo, no contra la situación financiera puntual de la empresa. Es una estrategia que tiene más opciones en el ámbito no bancario, pero que también es posible canalizar a través de bancos.
Esto permite convertir activos inmovilizados en liquidez útil, sin comprometer la operativa. Algunas opciones serían:
- Préstamo puente: liquidez inmediata mientras se espera un retorno futuro (venta de un activo, una operación de M&A, un proyecto que está por cerrarse). El plazo de retorno de este tipo de financiación es corto, entre 12 y 18 meses, pero tanto capital como intereses se retornan el vencimiento, de forma que no consume cash flow.
- Refinanciación de deuda: transforma deudas cortas y caras en deuda estructural más barata y con plazos cómodos. Alivia tensión financiera y mejora rating operativo. Con garantía de un inmueble pueden conseguirse plazos de devolución muy cómodos.
- Garantizar líneas de circulante: el inmueble actúa como refuerzo para renovar pólizas, mantener límites o ampliar líneas en plena necesidad de circulante. Es una excelente opción para preservar la liquidez.
- Sale & Leaseback: la empresa vende el activo a una financiera y lo alquila inmediatamente para seguir utilizándolo.
- Aporta liquidez a largo plazo sin perder el uso del bien
- Es posible llevarlo a cabo con inmuebles, pero también con maquinaria ya pagada.
- Refuerza la liquidez y no impacta en la operativa.
- Préstamo hipotecario para inversiones: si existe un inmueble que pueda actuar como garantía (ya sea propiedad de la empresa o de un tercero), la accesibilidad a financiación a largo para inversiones mejor mucho. Esta financiación hipotecaria puede utilizarse para cualquier finalidad vinculada al negocio: desde instalar una nueva línea de producción hasta transformar procesos, lanzar un nuevo producto o abordar una expansión estratégica. Al tratarse de financiación a largo plazo, permite amortizar la inversión con el retorno que generará en el tiempo, integrándola en el balance con mucha mayor flexibilidad y sin asfixiar la tesorería.
Financiación pública: cuando el mercado financiero no llega
Los programas de financiación pública están diseñados precisamente para cubrir los segmentos con mayor dificultad de acceso al crédito, así que las empresas con rating bajo tienen en este tipo de financiación una puerta abierta.
El sector público está dispuesto a asumir un riesgo adicional que los financiadores privados no aceptan, siempre que el proyecto contribuya a la actividad productiva, innovación o mantenimiento del empleo.
La financiación pública está accesible de dos formas:
- Financiación directa: un organismo concede directamente la financiación, casi siempre en forma de préstamo a corto o largo plazo en función del destino, para circulante o inversiones.
- Avales públicos: un organismo público avala una operación de crédito de la empresa a través de otro proveedor financiero, normalmente un banco. Este mecanismo permite acceder a cualquier producto financiero, préstamos, leasing y cualquier operativa de circulante (póliza de crédito, descuento comercial o financiación de importaciones, entre otros).
No obstante, el acceso está condicionado por la disponibilidad presupuestaria anual, lo que hace que algunas líneas tengan ventana limitada. También existe una gran variedad de programas, lo que requiere un proceso de filtrado para identificar la opción más adecuada. Y, aunque una parte se canaliza por vías no bancarias, estas suelen implicar procesos más largos de aprobación y desembolso, especialmente cuando se trata de proyectos más complejos o innovadores.
Ampliación de capital: reforzar el balance para volver a financiarse
Cuando una empresa necesita recuperar su acceso al crédito, uno de los mecanismos más eficaces es reforzar el patrimonio neto mediante una ampliación de capital. Esta operación no solo aporta recursos a la compañía, sino que también mejora la imagen financiera ante bancos, proveedores y organismos públicos.
Al incrementar el capital social y, por tanto, el porcentaje de fondos propios sobre el total del balance, la empresa:
- Reduce el nivel de endeudamiento, mejorando ratios clave como deuda/EBITDA o apalancamiento
- Recupera la solvencia, reforzando la capacidad de absorber pérdidas
- Mejora su rating de riesgo, facilitando el acceso futuro a financiación externa
- Gana credibilidad, demostrando compromiso y apoyo al proyecto por parte de los propietarios
En el escenario ideal, son los propios socios quienes aportan los fondos para evitar cualquier dilución de participación. Esta inyección de capital suele estar alineada con una visión de crecimiento y continuidad del negocio: se apuesta por el futuro aun cuando los resultados actuales puedan no ser los mejores.
La ampliación de capital se convierte así en una herramienta estratégica para rearmar el balance, estabilizar la compañía y reactivar su capacidad de inversión, permitiéndole volver a sentarse en la mesa de las entidades financieras en mejores condiciones.
No obstante, cuando los socios no desean o no pueden arriesgar más capital propio, la ampliación puede abrirse a terceros. En este caso, se produce una dilución de la participación, pero a cambio se incorpora nuevo capital sin aumentar el endeudamiento y, a menudo, se suma experiencia, contactos o acceso a nuevos mercados.
Existen múltiples alternativas en este escenario:- Business angels.
- Equity crowdfunding.
Proveedores o clientes estratégicos interesados en una integración vertical - Competidores, nacionales o internacionales, conocedores del sector y capaces de realizar una valoración realista.
Entorno de la compañía
Cuando la compañía ya ha recurrido a todas las soluciones disponibles —financiación sobre clientes, activos, pública y refuerzo del balance— aún queda un último recurso: el entorno cercano.
Hablamos del círculo de confianza formado por familiares, amigos, socios estratégicos personales e incluso empleados clave. Son quienes conocen de primera mano el proyecto, creen en las personas que lo lideran y están dispuestos a asumir un riesgo que un financiador externo ya no aceptaría.
Este tipo de financiación tiene características específicas:
- Flexibilidad máxima en condiciones: puede estructurarse como préstamo o ampliación de capital.
- Coste financiero moderado, al no existir criterios bancarios estrictos.
- Rapidez en la decisión, cuando la empresa tiene urgencia de liquidez.
- Alta necesidad de transparencia para evitar conflictos personales.
Si la aportación se formaliza como capital, quienes entren pueden asumir un rol activo y aportar algo más que dinero: red de contactos, asesoramiento, visión externa. Si se estructura como préstamo, permite reforzar la liquidez sin diluir el control accionarial.
Es una alternativa válida solo si existe un plan realista de recuperación. El lado emocional que facilita la ayuda también puede convertirse en un riesgo:
“El dinero se puede devolver… la confianza no siempre.”
Por ello, antes de implicar a personas próximas, es imprescindible presentar información financiera clara, proyecciones sensatas y mecanismos de salida definidos.
En resumen: un rating financiero bajo no es el final del camino: es una señal de alerta que obliga a actuar con inteligencia financiera.
Existen soluciones para casi todos los escenarios:
- Si la empresa vende bien, pero le falta liquidez: se financian los clientes
- Si tiene activos inmobiliarios: se financia la garantía
- Si la falta de solvencia la limita: se financia el balance (ampliación de capital)
- Si el mercado financiero ya no acompaña: se financia con apoyo público
- Y si todo lo anterior no basta: se financia desde el círculo personal, con máxima prudencia
La clave está en anticiparse, evitar que la situación avance hacia un deterioro irreversible y demostrar al financiador —sea un banco, un inversor o un familiar— que la empresa tiene futuro y capacidad de retorno.
Porque, aunque el paraguas desaparezca cuando llueve, un plan financiero bien diseñado puede hacer que vuelva a salir el sol.