Tus mejores clientes pagan por transferencia a 60 o 90 días. No hay pagaré que descontar ni recibo que domiciliar: solo una factura emitida y un vencimiento lejano. Y la alternativa —pedirles un pagaré o firmar una cesión de crédito con tu banco— implica comunicarles que estás financiando tu circulante con sus facturas, algo que no siempre interesa cuando el cliente es grande y la relación se cuida.
El anticipo de facturas resuelve exactamente eso: cobras hoy la factura que vence dentro de tres meses sin tocar la operativa de tu cliente. Él sigue pagando por transferencia a tu empresa, a la cuenta de siempre, sin firmar nada y sin recibir ninguna notificación. La única condición es que esa cuenta esté abierta en la entidad que te anticipa.
Qué importe puedes conseguir
Habitualmente entre el 80% y el 90% del nominal de cada factura, hasta agotar el límite de la línea concedida. El resto se te abona cuando el cliente paga.
Qué necesitas
La factura emitida, un cliente que pague por transferencia y una línea de anticipo concedida a tu empresa. No hace falta cesión del crédito ni conformidad del cliente.
Qué pasa si tu cliente no paga
La línea es siempre con recurso: la entidad te reclama a ti el importe anticipado. Aquí no traspasas el riesgo de impago, solo adelantas el cobro.
A qué empresa le encaja
A la que factura de forma recurrente a clientes solventes que pagan por transferencia, y que tiene un balance sólido: el banco te concede la línea mirando tu rating, no el de tu cliente.
A cuál no le encaja
- Si tu rating es ajustado y prefieres que la entidad analice a tu cliente en lugar de a ti, tu producto es el factoring, donde sí hay cesión de crédito y notificación.
- Si buscas eliminar el riesgo de impago de tu balance, necesitas un factoring sin recurso.
- Si tus cobros ya se instrumentan en pagaré, letra o adeudo domiciliado, te sale más barato el descuento comercial, el descuento SEPA o el descuento de pagarés no bancario.